Por fuera se parecen: un plástico, un chip y dieciséis cifras. Por dentro no tienen mucho que ver, y la diferencia importa más de lo que parece. Es la que decide qué se pierde si alguien roba la tarjeta, si puede acabar costando intereses y para qué conviene usar cada una.
Las tres, cara a cara
Todo se reduce a de quién es el dinero. Con la de débito y la prepago se gasta dinero propio, el que ya está en la cuenta o el que se ha recargado antes; si no lo hay, la compra no pasa. Con la de crédito se gasta dinero que adelanta el banco y que habrá que devolver, y por eso la entidad estudia antes si quien la pide podrá hacerlo. De ahí salen las demás diferencias:
| Débito | Crédito | Prepago (monedero) | |
|---|---|---|---|
| Necesita cuenta bancaria | Sí | Casi siempre | No siempre |
| Qué se arriesga si la roban | El saldo de la cuenta | El límite de crédito | Solo lo recargado |
| Puede cobrar intereses | No | Sí, si se aplaza el pago | No |
Para saber de qué tipo es una tarjeta que ya se tiene, casi siempre basta con mirarla: lo pone en el frente o en el reverso, a veces en inglés («debit», «credit»). Si no, lo dice la banca online.
Cuánto pesan en España
A finales de junio de 2026 había en España 97,3 millones de tarjetas, la cifra más alta de la serie del Banco de España: unos 55 millones de débito y 42 de crédito. Las de débito siguen creciendo, más de un 6 % en un año, mientras que las de crédito se mantienen casi igual. Y cada vez se usan más para gastos pequeños: el pago medio en comercios rondó los 29 €, al tiempo que las retiradas de efectivo en cajeros no dejan de bajar.
Cuando una tarjeta hace las dos cosas
Cada vez es más fácil encontrarse con tarjetas híbridas, que juntan débito y crédito en un mismo plástico. Según el modelo, la forma de pago se elige en el momento (por ejemplo, con el contactless se anota siempre a débito, y metiendo la tarjeta en el datáfono, a crédito), o se configura por defecto en la aplicación del banco, o incluso hay tarjetas con una cara para cada modalidad. El propio Banco de España avisa de que no todas dejan cambiar libremente esa forma de pago, así que conviene mirar bajo qué modalidad sale por defecto antes de empezar a usarla.
El coste que no siempre se ve venir
Con la de crédito, si lo gastado se devuelve entero en la fecha pactada, lo normal es no pagar intereses; como mucho, una comisión de mantenimiento. El problema empieza cuando el pago se aplaza o se pasa a revolving: la cuota mensual es pequeña, el interés es alto y cuesta darse cuenta de lo que se está pagando de verdad.
Le pasó a Marta. Un mes gastó 900 € y, al llegar el cobro, el banco le propuso pagarlo «a plazos cómodos», 60 € al mes. Lo aceptó sin fijarse mucho en el interés, un 19 % TAE. Un año después sigue pagando esa cuota, pero ahora por compras nuevas que se han ido sumando a las viejas, y lo que debe apenas ha bajado. No ha hecho nada raro ni se ha saltado un pago: simplemente ha ido encadenando aplazamientos sin sumar lo que costaban entre todos.

Para qué sirve mejor cada una
El día a día
La compra, la gasolina o el café. El gasto se ve al momento en la cuenta y ayuda a no gastar lo que no hay.
Viajes, reservas e imprevistos
Muchos hoteles y alquileres de coche la piden porque garantiza el pago aunque en ese momento no haya saldo. También sirve para un imprevisto que hay que pagar hoy.
Un gasto aparte
Para una paga controlada, como la de un hijo adolescente, o para separar un gasto concreto del resto del dinero.
Diego, por ejemplo, tiene una prepago solo para comprar en tiendas online que no conoce. Le mete 60 € justo antes de cada compra y nada más. Cuando una de esas tiendas sufrió un robo de datos, el aviso no le quitó el sueño: lo máximo que podían sacarle eran esos 60 €, porque esa tarjeta nunca estuvo unida a su cuenta.
Y no hay que elegir: mucha gente tiene las tres, cada una para lo suyo.

Dónde suele fallar la cosa
Uno de los fallos más comunes es tener varias tarjetas de crédito y perder la cuenta de cuánto suman sus límites entre todas: sobre el papel hay mucho dinero disponible, pero todo es deuda posible. Otro es usar la de crédito para el gasto de cada día solo porque el cargo no se nota en el momento. Cuando llega el recibo a fin de mes, cuesta saber en qué se fue el dinero.
Y el más caro de todos es tardar en avisar al banco cuando se pierde o roban una tarjeta. Sea del tipo que sea, cuanto antes se bloquea, menos riesgo.